domingo, 12 de junio de 2011
Anonimo
Las malas noches en soledades, cuando las sintonías variadas parecen inamovibles de su estado mortal, una guía contra tus malas penas. Desahógate, cuéntale tus penas a tu perro (y si no lo tienes, búscalo). Zámpate un bocadillo tamaño XXL, nocilla por un tubo. Corre media hora, aunque te cueste, intentando perder el control de tu cuerpo (cuando la lluvia te empapa, es la mejor sensación a experimentar). Mírate todas las películas románticas que tengas por casa, da mil vueltas al coco acerca de todas aquellas mentiras sin sentido que alguien pudo decirte en su momento. Lloriquea, montones de clinex rellenando la encimera del salón. Comida, comida, ¡comida! ¿Algo mejor para una triste tarde, en la que tus penas existenciales se remueven entre cuatro paredes de las cuales no quieres salir? Mejor, estruja a tu mono amelio, cuéntale tus penas, lloriquéale un poco y si al final aún no has saciado tus penas, cómetelo.
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